En 2018, tres carpinteros con formación en diseño industrial decidimos abandonar la producción en serie. No por romanticismo, sino por frustración práctica.
Habíamos pasado años fabricando muebles que seguían especificaciones de catálogo, medidas estándar pensadas para optimizar el transporte, no el uso diario. Veíamos cómo los clientes intentaban adaptar sus espacios a los muebles, cuando debería ser al revés.
El momento del cambio
Un cliente nos pidió una estantería para un rincón irregular de su casa. Las opciones de catálogo no encajaban. Le propusimos diseñar una pieza específica para ese espacio. El resultado cambió nuestra manera de entender el oficio.
No se trataba solo de que la estantería encajara perfectamente. Se trataba de que había sido pensada para cómo él usaba sus libros, dónde le daba la luz, qué objetos quería tener a mano. Por primera vez, el mueble servía completamente a la persona, no al proceso de fabricación.
Cómo trabajamos hoy
Nuestro taller está en Barcelona. Trabajamos con maderas de aserraderos locales que nos permiten seleccionar cada tabla individualmente. No usamos tableros industriales porque necesitamos que cada pieza pueda repararse y envejecer con dignidad.
Cada proyecto comienza con una conversación. Visitamos el espacio, observamos cómo entra la luz, preguntamos sobre rutinas diarias. Un escritorio no se diseña igual para alguien que trabaja con papeles que para quien solo usa ordenador.
Por qué tardamos más que una tienda
Nuestros plazos van de cuatro a ocho semanas. No porque seamos lentos, sino porque cada ensamble se hace pensando en que debe durar décadas. Las uniones tipo cola de milano llevan tiempo, pero permiten que la madera se mueva con los cambios de humedad sin que la estructura se debilite.
Aplicamos aceites naturales en capas finas, dejando secar entre aplicaciones. El acabado resultante protege la madera sin sellarla completamente, permitiendo que siga respirando.